Emily lejos de casa
Emily lejos de casa La tÃa Elizabeth habÃa pasado el dÃa en Shrewsbury y se fue a casa después de la cena. En la puerta de la casa le estrechó la mano a Emily y le dijo que se portara bien e hiciera todo lo que la tÃa Ruth le ordenara. No le dio un beso, pero tratándose de la tÃa Elizabeth su tono era muy amable. Emily, con un nudo en la garganta, se quedó en la puerta observando cómo la tÃa Elizabeth desaparecÃa de su vista; la tÃa Elizabeth, que volvÃa a la querida la Luna Nueva.
—Entra —ordenó la tÃa Ruth— y por favor no des portazos.
Emily jamás daba portazos.
—Fregaremos los platos de la cena —dijo la tÃa Ruth—. De ahora en adelante, lo harás siempre tú. Te enseñaré dónde se guarda todo. Supongo que Elizabeth te dijo que espero que hagas algunas tareas de la casa a cambio de tu alojamiento.
—Sà —contestó Emily, brevemente.
A ella no le importaba trabajar en la casa, en lo que fuera, pero aquel tonillo de la tÃa Ruth…
—Está claro que tu estancia aquà significa mucho gasto extra para mà —continuó la tÃa Ruth—. Pero es justo que todos aportemos algo para educarte. Yo opino, y lo he opinado siempre, que habrÃa sido mucho mejor enviarte a Queen’s para que tuvieras un tÃtulo de maestra.
—Yo también querÃa —precisó Emily.