Emily lejos de casa
Emily lejos de casa —Es arte verdadero —murmuró Emily, saboreando una vez más las increÃbles palabras—. Quieren ver más trabajos mÃos. ¡Ojalá papá pudiera ver mis poemas publicados!
Años antes, en la vieja casa de Maywood, inclinado sobre ella mientras dormÃa, su padre habÃa dicho: «Amará profundamente, sufrirá terriblemente, pero tendrá momentos gloriosos que la recompensarán».
Éste era uno de sus momentos gloriosos. SentÃa una maravillosa liviandad de espÃritu, un regocijo que le sacudÃa el alma con la mera existencia. La facultad de crear, adormecida durante todo el horroroso mes que acababa de pasar, volvió de pronto a arderle en el alma como una llama purificadora. Barrió todas las cosas mórbidas, envenenadas, enconadas. Súbitamente Emily supo que Ilse jamás habÃa hecho aquello. Rió con alegrÃa, divertida.
—¡Qué tonta he sido! ¡Ay, qué tontita! Claro que Ilse no fue. Ya no se interpone nada entre nosotras, eso se desvaneció. Voy a ir a verla y a decÃrselo.