Emily lejos de casa
Emily lejos de casa Un dÃa del verano pasado estuvo en casa, pero no entró, asomó la cabeza por la puerta de la cocina con expresión esperanzada y preguntó: «¿Está Annie aquÃ?». Aquel dÃa estaba muy tranquilo, pero a veces se pone violento. Dice que siempre oye a Annie llamándolo, que su voz va siempre flotando delante de él, siempre delante de él, como mi palabra al azar. Tiene la piel arrugada y anda desarreglado, parece un mono viejo. Pero lo que más odio de él es su mano derecha, es roja como la sangre, debido a una marca de nacimiento. No sé por qué, pero esa mano me llena de horror. No podrÃa soportar tocarla. Y a veces se rÃe solo, de una manera espantosa. El único ser viviente al que quiere es su viejo perro negro, que siempre va con él. Dicen que nunca pide comida para sà mismo. Si la gente no le ofrece comida, pasa hambre, pero pide para el perro.
Ay, cuánto miedo le tengo. Me alegré mucho de que aquel dÃa no entrara en casa. La tÃa Elizabeth se quedó mirándolo mientras él se iba, con los cabellos largos y grises flotando al viento, y dijo:
«Fairfax Morrison era un muchacho delicado, inteligente, con un excelente futuro por delante. Bien, los caminos de Dios son inescrutables».
«Por eso son interesantes», dije yo.