Emily lejos de casa
Emily lejos de casa —Alta y majestuosa… alta y majestuosa como todas nuestras mujeres —murmuró, soñador—. Excepto la tÃa Ruth —añadió.
Emily rió e «hizo una mueca».
—La tÃa Ruth va a aprovechar al máximo su escasa estatura en nuestra próxima entrevista. Esto le durará hasta fin de año. Pero no te preocupes, primo querido, tardaré mucho tiempo en cometer otra tonterÃa. Esto ha purificado el ambiente. La tÃa Elizabeth pensará que ha sido algo espantoso de tu parte comerte un recipiente lleno de rosquillas tú solo, goloso primo Jimmy.
—¿Necesitas otro cuaderno?
—TodavÃa no. El último que me regalaste está medio lleno. Los cuadernos me duran mucho ahora que no puedo escribir cuentos… Ay, cómo me gustarÃa, primo Jimmy.
—Ya llegará el momento, ya llegará el momento —dijo el primo Jimmy, alentándola—. Espera un poco, sólo espera un poco. Si no corremos detrás de las cosas, a veces las cosas que nos siguen pueden alcanzarnos. «Con sabidurÃa se edificará una casa, y con prudencia se afianza. Y con ciencia se llenan las cámaras de todo bien preciado y agradable». Todo bien preciado y agradable, Emily. Proverbios 24, 3 y 4.