Emily lejos de casa
Emily lejos de casa «¿Por qué no te los cosiste tú, Perry?».
«No tengo botones ni dinero para comprarlos —dijo—. Pero no te preocupes, algún día tendré botones de oro si quiero».
La tía Ruth me vio volver con hilo y tijeras y etcétera y quiso saber, por supuesto, dónde, qué y por qué. Le conté la anécdota y ella dijo: «Sería mejor que dejaras que fueran los amigos de Perry Miller los que le cosieran los botones».
«Yo soy su mejor amiga», le repliqué.
«No entiendo de dónde has sacado esos gustos tan vulgares», dijo la tía Ruth.
7 de mayo de 19…
Esta tarde, después de clase, Teddy nos llevó a Ilse y a mí a cruzar el puerto en bote para ir a recoger anémonas en los bosquecillos de abetos en el Green River. Llenamos las canastas y pasamos un rato delicioso caminando por los bosquecillos con el dulce murmullo de los abetos a nuestro alrededor. Lo que alguien dijo de las fresas lo digo yo de las anémonas: «Dios podría haber hecho flores más bonitas, pero no quiso hacerlas».