Emily lejos de casa
Emily lejos de casa «Sus vestidos son de seda y púrpura», murmuré, citando el versículo de la Biblia, simplemente porque hay algo en él que me encanta. No se puede imaginar una descripción más delicada o más sencilla de una mujer vestida maravillosamente. No creo que la tía Ruth reconociera la cita; pensó que estaba haciendo alarde de algo.
«Si me quieres decir que tiene enaguas de seda púrpura, Emilia, dilo de una manera normal. Ja, enaguas de seda. Si yo tuviera algo que ver con ella, ya le daría enaguas de seda».
«Algún día, yo voy a usar enaguas de seda», dije.
«Sí, por supuesto, señorita. ¿Podría preguntarle de dónde sacará el dinero para comprarse enaguas de seda?».
«Yo tengo un futuro», repliqué con tanto orgullo como el más Murray de los Murray.
La tía Ruth resopló.
He llenado mi cuarto con anémonas y hasta lord Byron pareció tener alguna posibilidad de recuperación.
13 de mayo de 19…
Por fin he tomado una decisión y he enviado mi cuento Algo diferente a Las horas doradas. Temblaba cuando dejé caer el sobre en el buzón del Shoppe. ¡Ay, si me lo aceptaran!