Emily lejos de casa
Emily lejos de casa La tía Ruth todavía no ha descubierto lo de las velas, porque la caja vieja todavía tiene algunas. Cuando vaya a la Luna Nueva, mañana por la noche, le rogaré a la tía Laura que me dé otra caja, sé que me la dará, y se la traeré a la tía Ruth.
22 de mayo de 19…
Hoy en el correo había un sobre largo, gordo, odioso para mí. Las horas de oro me ha devuelto el cuento. La nota de rechazo que lo acompañaba decía:
Hemos leído su cuento con sumo interés, pero lamentamos comunicarle que no podemos en este momento publicarlo.
Al principio he tratado de consolarme con eso de que lo habían leído «con sumo interés». Pero entonces me he dado cuenta de que la nota era impresa, así que, obviamente, es lo que mandan con todos los manuscritos rechazados.
Lo peor de todo es que la tía Ruth había visto el paquete antes de que yo llegara a casa y lo había abierto. Fue humillante que ella conociera mi fracaso.
«Espero que esto te convenza de que sería mejor que no desperdiciaras más sellos en estas tonterías, Emilia. ¿Cómo se te ocurre que puedes escribir un cuento publicable?».
«Ya me publicaron dos poemas», exclamé.
La tía Ruth resopló.