Emily lejos de casa
Emily lejos de casa —Sugiero que esta noche trabajemos por la carretera Occidental y sus ramales hasta Hunter’s Creek —dijo Emily—. Al atardecer ya habremos llegado. Entonces podemos coger el sendero que cruza los bosques Malvern a campo a través, y saldremos al otro lado, muy cerca de Wiltney. No es más de media hora a pie, mientras que por la carretera Malvern es una hora. ¡Qué tarde tan preciosa!
Era una tarde preciosa, de esas tardes que septiembre sólo puede producir cuando el verano remolonea robando un dÃa más de ensueño y deleite. Los campos sembrados, empapados de la luz del sol, se extendÃan alrededor de ellas: el encanto austero de los abetos blancos del norte hacÃan hermosos los caminos que recorrÃan, las varas de San José festoneaban los setos y las adelfas se encendÃan sobre tierras quemadas, a lo largo de los caminos escondidos entre las colinas. Pero pronto descubrieron que vender suscripciones no era todo diversión, aunque, sin duda, como dijo Ilse, hallaron mucho material sobre la naturaleza humana para sus trabajos.
Hubo un viejo que decÃa «ajá» al final de cada frase de Emily. Cuando por fin le pidieron la suscripción dijo, ásperamente, «No».
—Me alegro de que esta vez no haya dicho «ajá» —soltó Emily—. Se estaba volviendo monótono.
El viejo la miró y luego rió.