Emily lejos de casa
Emily lejos de casa —¿Puede creerse que la gente sea tan odiosa? —explotó—. ¡Tratarnos como si fuéramos responsables de las ideas polÃticas del Times! Bueno, el tema de mi ensayo será La naturaleza humana desde el punto de vista de una vendedora de suscripciones. ¡Describiré a ese hombre y me presentaré diciéndole todas las cosas que quise decirle y no le dije!
Emily estalló en una carcajada y sintió que le mejoraba el humor.
—Tú puedes. Yo ni siquiera esa venganza puedo tomarme, me lo impide la promesa que le hice a la tÃa Elizabeth. Tendré que remitirme a los hechos. Vamos, no pensemos más en ese animal. Después de todo, ya tenemos muchas suscripciones, y hay un bosquecito de abedules blancos en el que es razonable creer que vive una drÃada, y esa nube por encima de los abetos blancos parece un débil fantasma dorado.
—Es igual, a mà me habrÃa gustado hacer polvo a ese viejo desgraciado —espetó Ilse.