Emily lejos de casa
Emily lejos de casa —¿Por qué no podemos quedarnos aquí toda la noche? —preguntó Emily.
Ilse miró a Emily para ver si hablaba en serio, y comprobó que sí.
—¿Dónde dormimos? ¿Nos colgamos del cerco?
—En aquel pajar —contestó Emily—. Está a medio terminar, al estilo Hardscrabble. La cima es plana y tiene una escalera apoyada a un lado, el heno está seco y limpio, es una cálida noche de verano, no hay mosquitos en esta época del año, nos podemos tapar con los abrigos para protegernos del rocío. ¿Por qué no?
Ilse miró el pajar en un extremo de la pradera, y se echó a reír, asintiendo.
—¿Qué dirá la tía Ruth?
—La tía Ruth no tiene por qué enterarse nunca. Seré reservada por todas las veces que no lo he sido. Además, siempre he querido dormir al aire libre. Ha sido uno de mis deseos secretos que pensé que no podría satisfacer jamás, cercada como estoy por las tías. Y ahora me ha caído en el regazo, como un regalo del cielo. Tanta buena suerte me da miedo.
—¿Y si llueve? —preguntó Ilse, que, sin embargo, hallaba muy atractiva la idea.