Emily lejos de casa

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»Tal vez recordéis que la reina Victoria y el príncipe Alberto solían ir todos los veranos al castillo de Balmoral y llevaban a sus hijos con ellos, y trataban de no llevar más servidumbre de la imprescindible, pues no querían demasiado alboroto a su alrededor, sino pasar una temporada en paz y tranquilidad como gente común y corriente. Los domingos caminaban a veces hasta la iglesia del valle a escuchar predicar al señor Donald MacPherson. El señor Donald MacPherson estaba muy dotado para los sermones y no le gustaba que las personas entraran en la iglesia cuando él estaba rezando. Era capaz de interrumpirse y decir: «ay, Señor, vamos a esperar a que Sandy Big Jim se haya sentado», ah, sí. Al día siguiente, yo oía que la reina se reía, de Sandy Big Jim, claro está, no del ministro.

»Cuando necesitaban gente en el Castillo, nos mandaban a buscar a mí y a Janet Jardine. El esposo de Janet era criado en la casa. Ella siempre me decía: «Buenos días, señora McIntyre» cuando veníamos a encontrarnos, y yo le decía: «Buenos días, Janet», para dejar sentada la superioridad de los McIntyre sobre los Jardine. Pero si se quedaba en su sitio era una buena muchacha y nos llevábamos muy bien juntas cuando ella no lo olvidaba.



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