Emily lejos de casa
Emily lejos de casa Esta noche he estado leyendo uno de los libros de papá. Siempre me siento tan maravillosamente cerca de papá cuando leo sus libros, como si de pronto pudiera volver la cabeza y verlo. Y a menudo me encuentro con sus notas hechas a lápiz al margen y me parecen un mensaje suyo. El libro que estoy leyendo esta noche es maravilloso, maravilloso en argumento y en concepción, maravilloso en su comprensión de los motivos y de las pasiones. Mientras lo leo me siento humilde e insignificante, lo que me viene bien. Me digo a mí misma: «Pobre criaturita miserable, ¿tú te crees capaz de escribir? En ese caso, ahora tu ilusión te abandonará para siempre y te contemplarás en tu desnuda mezquindad». Pero me recuperaré de este estado de ánimo, y volveré a creerme capaz de escribir un poco, y seguiré garabateando alegremente y escribiendo poemas hasta que pueda mejorar. Dentro de un año y medio se termina la promesa que le hice a la tía Elizabeth y podré volver a escribir cuentos. Mientras tanto… ¡paciencia! Claro que a veces me aburro un poco de decir «paciencia y perseverancia». Es difícil no ver de inmediato los resultados de esas estimables virtudes. A veces siento que quiero desatarme y ser todo lo impaciente que se me antoje. Esta noche me siento tan satisfecha como un gato sobre una alfombra. Ronronearía si supiera.
9 de diciembre de 19…