Emily lejos de casa
Emily lejos de casa Esta noche he leído un cuento. Terminaba mal. Me he sentido muy desdichada hasta que le he inventado un final feliz. Yo siempre les voy a dar un final feliz a mis cuentos. No me importa que sean «calcos de la vida». La vida debería ser así, y ésa es una verdad mucho mejor que la otra.
Hablando de libros. El otro día leí un viejo libro de la tía Ruth, Los hijos de la abadía. La heroína se desmayaba en todos los capítulos y lloraba litros de lágrimas si alguien la miraba. Pero, en cuanto a las pruebas y persecuciones a las que se vio sometida, a pesar de su delicada contextura, no hay dulce doncella de estos días degenerados que pudiera sobrevivir a la mitad de ellas, ni siquiera la más nueva de las nuevas mujeres. Me reí con el libro hasta que asombré a la tía Ruth, que lo consideraba un libro muy triste. Es la única novela en casa de la tía Ruth. Se la regaló uno de sus enamorados cuando ella era joven. Parece imposible imaginarse que la tía Ruth haya tenido enamorados alguna vez. El tío Dutton parece un invento, y ni siquiera su retrato en el atril del salón, rodeado de crespón, puede convencerme de su existencia.
21 de enero de 19…