Emily lejos de casa
Emily lejos de casa El viernes por la noche fue el debate entre el instituto de Shrewsbury y el Queen’s. Los muchachos de Queen’s vinieron creyendo que era cuestión de ver y vencer, y se fueron a sus casas con el rabo entre las patas. En realidad, fue el discurso de Perry el que ganó el debate. Estuvo maravilloso. Hasta la tía Ruth admitió por primera vez que él tiene algo. Cuando todo hubo terminado, vino corriendo hacia donde estábamos Ilse y yo, en el corredor.
«¿No he estado espléndido, Emily? —me preguntó—. Yo sabía que podía, pero no sabía si podía sacarlo a la superficie. Al principio, cuando me puse de pie, sentí que no podía articular palabra, pero entonces te vi, mirándome como si me dijeras "eres capaz: tienes que hacerlo", y arranqué. Tú has ganado este debate, Emily».
¿Fue bonito que dijera semejante cosa delante de Ilse, que había trabajado durante horas con él, enseñándole, esforzándose? Ni una palabra de agradecimiento para ella, todo para mí, que no había hecho absolutamente nada, más que mostrarme interesada.
«Perry, eres un bárbaro desagradecido», dije, y lo dejé allí, con la boca abierta. Ilse estaba tan furiosa que se puso a llorar. No ha vuelto a dirigirle la palabra y el burro de Perry no entiende por qué.