Emily lejos de casa
Emily lejos de casa Ella llegó en un instante y, sin detenerse a pensar, todavía inmersa en la dicha de la aceptación, descorrió el cerrojo y levantó la ventana. Sabía dónde había estado Perry y se moría por saber cómo le había ido. Lo habían invitado a cenar en la casa del doctor Hardy, la hermosa casa de la calle Queen. Esto se consideraba un gran honor y muy pocos estudiantes se hacían merecedores de él. Perry debía la invitación a su brillante discurso en el debate interescolar. El doctor Hardy se había enterado y había decidido que allí había un hombre prometedor.
Perry había estado inmensamente orgulloso por la invitación y había alardeado ante Teddy y Emily, no ante Ilse, que aún no lo había perdonado por su falta de tacto la noche del debate. Emily estaba contenta, pero le advirtió a Perry que tuviera cuidado en la casa del doctor Hardy. Ella tenía reparos en relación con su conocimiento de la etiqueta, pero Perry no los tenía. Él no tendría problemas, declaró con arrogancia. Perry se encaramó en el alféizar de la ventana y Emily se sentó en un extremo del sofá, recordándose a sí misma que sería sólo por un minuto.