Emily lejos de casa
Emily lejos de casa —Bien, te lo contaré todo si no se lo cuentas a Ilse ni a Teddy. No voy a permitir que ellos se rÃan de mÃ. He ido a la calle Queen a la hora precisa; he recordado todo lo que me dijiste de las botas, la corbata, las uñas y el pañuelo y por fuera estaba perfecto. Cuando he llegado a la casa fue cuando han empezado mis problemas. Era tan grande y espléndida que me he sentido raro, no con miedo, no tenÃa miedo todavÃa, pero como si estuviera listo para saltar, como un gato desconocido cuando uno quiere acariciarlo. He tocado el timbre. Obviamente se ha atascado y ha seguido sonando como enloquecido. Yo podÃa oÃrlo sonar en la sala y pensé: «Van a pensar que no tengo modales y que sigo tocando el timbre hasta que aparezca alguien» y eso me ha desconcertado. La criada me ha desconcertado todavÃa más. No sabÃa si tenÃa que estrecharle la mano o no.
—¡Ay, Perry!
—Bueno, no lo sabÃa. Nunca habÃa ido a una casa donde hubiera una criada como ésa, vestida con una toca y un delantal muy delicado. Me ha hecho sentir como si valiera treinta centavos.
—¿Le estrechaste la mano?
—No.
Emily exhaló un suspiro de alivio.