Emily lejos de casa
Emily lejos de casa —Ahora, os pregunto —dijo la tÃa Ruth, extendiendo las manos regordetas— si podéis esperar que siga teniendo en mi casa a una muchacha como ésta.
—No, creo que no —dijo Elizabeth, despacio.
La tÃa Laura comenzó a sollozar ruidosamente. El primo Jimmy apoyó las patas delanteras de la silla con un estruendo.
Emily se volvió de la ventana y los miró a todos.
—Quiero explicar lo que sucedió, tÃa Elizabeth.
—Creo que ya hemos escuchado bastante —objetó la tÃa Elizabeth, con un tono helado, más todavÃa por la amarga decepción que le estaba llenando el alma. Poco a poco se habÃa encariñado mucho con Emily y estaba orgullosa de ella, en su estilo Murray, reservado y poco demostrativo. Hallarla capaz de una conducta como ésa era para la tÃa Elizabeth un golpe terrible. Su propio dolor la hacÃa más despiadada.
—No, eso no puede ser, tÃa Elizabeth —dijo Emily, en voz queda—. Soy demasiado mayor para que me tratéis asÃ. Tienes que escuchar mi versión de la historia.
La mirada Murray estaba en su rostro, la mirada que Elizabeth conocÃa y recordaba tan bien de los tiempos de antaño. Vaciló.