Emily lejos de casa
Emily lejos de casa —Yo sé todo lo que hay que saber de Emily —replicó el primo Jimmy.
—Jimmy Murray, eres un tonto —dijo la tÃa Ruth, furiosa.
—Bueno, somos primos —dijo el primo Jimmy, con suavidad.
—Jimmy, silencio —ordenó Elizabeth, majestuosamente—. Ruth oigamos lo que tienes que decirnos.
La tÃa Ruth contó toda la historia. Se limitó a los hechos, pero su manera de contarlos los hizo más oscuros de lo que eran. Consiguió que la historia fuera horrible y Emily volvió a estremecerse al escucharla. A medida que avanzaba la historia, la cara de la tÃa Elizabeth se ponÃa más rÃgida y más frÃa, la tÃa Laura se echó a llorar y el primo Jimmy se puso a silbar.
—La estaba besando en el cuello —terminó la tÃa Ruth. Su tono implicaba que, si bien era malo besar en los lugares asignados a los besos, era mil veces más escandaloso y vergonzoso besar en el cuello.
—En realidad, en la oreja —murmuró Emily, con una repentina sonrisa traviesa que no pudo contener a tiempo. Por debajo de su incomodidad y su temor, habÃa algo que miraba desde fuera y que disfrutaba de la escena, con su tensión y su dramatismo. Pero el exabrupto fue muy desafortunado. La hizo parecer superficial e impertinente.