Emily lejos de casa
Emily lejos de casa —No, no, claro que no —respondió ella por fin—. Pero… es diferente. Yo habrÃa «sabido».
El primo Jimmy rió.
—Ése es la cuestión, gatita. No todas las personas pueden «saber». Por eso tenemos que pisar con cuidado. Ah, yo sólo soy Jimmy Murray, el simple, pero veo que tenemos que mirar dónde caminamos. Gatita, tenemos costillas asadas para almorzar.
En aquel preciso momento un aroma muy sabroso llegó desde la cocina, un olor hogareño, cálido, que no tenÃa nada que ver con concesiones ni con secretos familiares. Emily le dio otro abrazo al primo Jimmy.
—Mejor un almuerzo de hierbas con el primo Jimmy que costillas asadas si incluyen a la tÃa Ruth —dijo.