Emily lejos de casa
Emily lejos de casa El sermón era absolutamente inconsistente. El señor Wickham se contradijo media docena de veces. Mezcló las metáforas, le atribuyó a San Pablo algo que le pertenece a Shakespeare, cometió casi todos los pecados literarios concebibles, incluyendo el pecado imperdonable de ser aburrido. Sin embargo, yo tenía que hacer un informe, y lo hice. Después tenía que hacer algo para quitarme la indignación, así que, para mi propia satisfacción, escribí un análisis. Fue una locura, pero deliciosa. Demostré todas las inconsistencias, las citas erróneas, las debilidades y los titubeos. Disfruté mucho escribiéndolo, lo hice tan agudo, satírico y diabólico como pude, ay, y admito que salió un documento de lo más venenoso.
¡Entonces, por error, lo entregué al Times!
El señor Towers se lo pasó al linotipista sin leerlo. Tenía una confianza conmovedora en mi trabajo, que ya no volverá a tener. Salió al día siguiente.
Al despertar me encontré cubierta de vergüenza.