Emily lejos de casa
Emily lejos de casa Hoy pasaron dos cosas. Una ha sido una carta de la tía abuela Nancy a la tía Elizabeth. La tía Nancy no se ha acordado de mi existencia desde mi visita a Priest Pond hace cuatro años. Pero sigue viva, a los noventa y cuatro años, y, por lo que se dice, muy activa. En la carta escribió algunas cosas muy mordaces, sobre mí y sobre la tía Elizabeth, pero la concluyó ofreciéndose a pagar todos mis gastos en Shrewsbury el año que viene, incluyendo la pensión en casa de la tía Ruth.
Me alegro mucho. A pesar del sarcasmo de la tía Nancy no me importa deberle algo. Ella nunca me reprendió ni me trató con paternalismo, ni hizo nada por mí porque fuera su «deber». «Al demonio con el deber —dice en la carta—. Hago esto porque va a poner furiosos a algunos de los Priest y porque Wallace se está dando demasiados aires con eso de que está ayudando a educar a Emily. Y supongo que tú también sientes que has obrado muy virtuosamente. Dile a Emily que vuelva a Shrewsbury y aprenda todo lo que pueda, pero que lo disimule y enseñe los tobillos». La tía Elizabeth se horrorizó con esto último y no quería enseñarme la carta. Pero el primo Jimmy me contó lo que decía.
Lo segundo es que la tía Elizabeth me informó que, dado que la tía Nancy pagaba mis gastos, ella, la tía Elizabeth, estaba segura de que ya no debía seguir obligándome a cumplir mi promesa de no escribir ficción. Yo era, me dijo, libre de elegir.