Emily lejos de casa
Emily lejos de casa «Aunque nunca aprobaré el hecho de que escribas ficción —dijo, con mucha seriedad—. Al menos espero que no descuides tus estudios».
Ay, no, querida tÃa Elizabeth, no los descuidaré. Pero me siento una prisionera liberada. Me escuecen los dedos de las ganas de coger una pluma y mi cerebro bulle de argumentos. Tengo cantidad de fascinantes personajes soñados de los que quiero escribir. ¡Ay, si no hubiera tal abismo entre ver una cosa y ponerla por escrito!
«Desde cuando recibiste aquel cheque por un cuento, el invierno pasado, Elizabeth ha estado preguntándose si no tendrÃa que permitirte escribir —me dijo el primo Jimmy—. Pero no pudo retirar sus palabras hasta que la carta de la tÃa Nancy le dio la excusa. El dinero hace andar a las hembras Murray, Emily. ¿Quieres algunos sellos yankis?».
La señora Kent le ha dicho a Teddy que puede ir otro año más. Después, él no sabe qué ocurrirá. De manera que volvemos y estoy tan contenta que quisiera escribirlo en letras de imprenta.
10 de septiembre de 19…
Me eligieron presidenta de la clase de tercero este año. Y los Calaveras y Búhos me enviaron una nota diciendo que me habÃan elegido miembro de su fraternidad de agosto sin la formalidad de una solicitud.