Emily lejos de casa
Emily lejos de casa Más espesa que el agua
Emily no durmió hasta que fue casi de mañana. La tormenta había cesado y el paisaje que envolvía la vieja casa de John tenía un aspecto espectral a la luz de la luna cuando por fin cayó en un sopor, con un delicioso sentimiento de realización, porque había terminado de pensar su historia. Ahora no quedaba más que anotar un boceto en el cuaderno. No se sentiría segura hasta que no lo tuviera por escrito. No intentaría escribirla todavía, al menos no hasta dentro de unos años. Debía esperar a que el tiempo y la experiencia hicieran de su pluma un instrumento capaz de hacerle justicia a su idea, porque una cosa es atrapar una idea en una noche de éxtasis y otra muy diferente es ponerla por escrito de manera tal que reproduzca una décima parte de su encanto y significación originales.
A Emily la despertó Ilse, sentada en la esquina de la cama, pálida y enclenque, pero con los ojos color ámbar llenos de su inconquistable risa.
—Bien, he dormido hasta que se me ha pasado el efecto de mi orgía, Emily Starr. Y esta mañana mi estómago ha amanecido bien. El whisky de Malcolm me lo curó, aunque creo que el remedio es peor que la enfermedad. Supongo que te preguntarás por qué no quería hablar anoche.
—Pensé que estabas demasiado borracha para hablar —dijo Emily, con inocencia.
