Emily lejos de casa
Emily lejos de casa Hasta el inofensivo e innecesario Andrew habÃa dejado de ir de visita los viernes. Aquello dolÃa. Emily consideraba a Andrew un aburrido y odiaba sus visitas los viernes. Siempre habÃa pensado mandarlo a pasear apenas él le diera la oportunidad. Pero, atención, que Andrew se fuera a paseo por decisión propia tenÃa un sabor muy diferente. Emily apretaba los puños cuando se acordaba.
Un amargo informe llegó a sus oÃdos, en el sentido de que el director Hardy habÃa dicho que Emily tendrÃa que renunciar a la presidencia de tercer año. Emily levantó la cabeza.
—¿Renunciar? ¿Confesar la derrota y admitir la culpa? ¡Jamás!
—Me encantarÃa cortarle la cabeza a ese hombre —dijo Ilse—. Emily Starr, no te dejes amilanar por esto. ¿Qué importa lo que piensen toda esa cantidad de burros enclenques? Por este acto los ofrezco a los dioses del infierno. Dentro de un mes van a tener las bocas llenas de alguna otra cosa y se olvidarán de esto.
—Yo no voy a olvidarlo jamás —replicó Emily, con apasionamiento—. Hasta el dÃa de mi muerte recordaré la humillación de estas semanas. Y ahora, Ilse, la señora Tolliver me escribió para pedirme que deje mi puesto en el mercadillo de St. John’s.
—¡Emily, no!