Emily lejos de casa
Emily lejos de casa —Yo tenÃa dieciocho cuando me fui. No conocÃa un alma en Nueva York, y sólo tenÃa dinero suficiente para mantenerme tres meses. Era una joven ruda, inexperta y, sin embargo, gané. Tú vivirás conmigo. Yo te cuidaré como te cuidarÃa tu tÃa Elizabeth. Dile que te cuidaré como a la niña de mis ojos. Tengo un apartamentito precioso donde seremos felices como reinas, con mi querido, mi adorado Chu-Chin. Vas a querer a Chu-Chin, Emily.
—Me gustan más los gatos —replicó Emily, con firmeza.
—¡Gatos! No, no podrÃamos tener un gato en el apartamento. No se adaptarÃa a la disciplina. Debes sacrificar los gatos en el altar de tu arte. Estoy segura de que te gustará vivir conmigo. Soy muy buena y dulce, querida, cuando quiero serlo, y por lo general quiero, y nunca pierdo los estribos. A veces se me congelan, pero, como te he dicho, se descongelan con mucha rapidez. Soporto las debilidades de las demás personas con ecuanimidad. Y nunca le digo a nadie que está resfriado o que parece cansado. Ah, serÃa una compañera estupenda.
—No me cabe duda —dijo Emily, sonriendo.
—Nunca antes habÃa visto a una muchacha con la que quisiera vivir —añadió la señorita Royal—. Tienes una especie de personalidad luminosa, Emily. Arrojarás tu luz en los lugares oscuros y llenarás de púrpura los grises. Vamos, dime que sà vienes conmigo.