Emily lejos de casa

Emily lejos de casa

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Emily no salió corriendo a su cuarto a escribirle una carta llena de gozo a la señorita Royal, que estaba de visita en Charlottetown. Salió al jardín y pensó mucho, toda la tarde y todo el domingo. Durante la semana en Shrewsbury estuvo callada y pensativa, consciente de que la tía Ruth la observaba de cerca. Por alguna razón, la tía Ruth no habló del tema con ella. Tal vez pensaba en Andrew. O tal vez estaba sobreentendido entre los Murray que no se debía ejercer la menor influencia sobre la decisión de Emily.

Emily no comprendía por qué no le escribía de inmediato a la señorita Royal. Claro que iría. ¿No sería una tontería absurda no ir? No volvería a tener una oportunidad así. Era una oportunidad tan espléndida, todo se hacía fácil, el Sendero Alpino no era más que una ladera suave y el éxito era seguro, brillante e inmediato. ¿Por qué, entonces, tenía que repetírselo una y otra vez? ¿Por qué se sintió compelida a ir a pedirle consejo al señor Carpenter el fin de semana siguiente? Y el señor Carpenter no podía ayudarla mucho. Estaba reumático y chiflado.

—No me digas que los gatos han estado cazando otra vez —dijo.

—No. Esta vez no tengo manuscritos —replicó Emily, con una débil sonrisa—. He venido para pedirle otro tipo de consejo.

Le contó sus dudas.


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