Emily triunfa
Emily triunfa ¡Cómo gemía el viento allá abajo, en los campos! Pero ¡qué silencio había en la casita! Aquel silencio tenía algo extraño y sobrenatural. Parecía guardar un significado profundo. Emily no osaba hablar por temor a que algo le respondiera. Pero, de pronto, el miedo la abandonó. Se sintió en medio de una ensoñación, feliz, muy lejos de la vida y de la realidad. Las paredes de la habitación en sombras parecieron desaparecer lentamente ante sus ojos. Parecía no haber nada ante ella más que la bola de la tía abuela Nancy, colgada de la vieja lámpara de hierro, un globo grande, plateado, reluciente. En él, Emily vio la habitación reflejada como una resplandeciente casita de muñecas, y a ella misma, sentada en el viejo sillón, y la vela en la repisa de la chimenea como una diminuta estrella traviesa. Emily la miró mientras se reclinaba en el asiento y siguió mirándola hasta que no vio nada más que aquel puntito de luz en un gran universo envuelto en nieblas.
3
¿Se quedó dormida? ¿Soñó? ¿Quién lo sabe? Ni siquiera Emily lo supo nunca. En dos ocasiones, en toda su vida, una vez en un delirio y otra vez en sueños, había apartado el velo de la cordura y del tiempo y había visto más allá. A Emily no le gustaba recordar esas experiencias. Las olvidaba deliberadamente. No las había recordado durante años. Un sueño, una fantasía provocada por la fiebre. Pero ¿y esto?