Emily triunfa
Emily triunfa Sintiéndose como si se hubiera muerto y hubiera vuelto a la vida, Emily salió, sin saber bien cómo, de la Casa Desilusionada, y cerró la puerta. Las nubes se habían disipado y el mundo parecía penumbroso e irreal a la luz de las estrellas. Casi sin darse cuenta de lo que hacía, tomó el camino hacia el mar, a través del bosque de abetos rojos, a través del largo prado barrido por el viento, a través de las dunas y a lo largo de la costa, como una criatura atormentada, poseída, en un reino extraño, sobrenatural, iluminado a medias. A lo lejos, el mar parecía de satén gris semioculto por una niebla que estaba levantándose y sobrevolaba la arena, al paso de Emily, con remolinos rápidos y burlones. Estaba encerrada entre el mar brumoso y las altas dunas oscuras. Si pudiera seguir caminando siempre, si no tuviera que volver a enfrentarse con la pregunta sin respuesta que le había presentado la noche.
Supo, sin ningún tipo de duda, cavilación o burla, que había visto a Teddy, que lo había salvado o tratado de salvarlo, de un peligro desconocido. Y supo, igual de simple y certeramente, que lo amaba, que lo había amado siempre, con un amor que surgía de lo más profundo de su ser.
Y dentro de dos meses se casaría con Dean Priest.