Emily triunfa
Emily triunfa Le pareció que lo tomaba de la mano y lo apartaba de la ventanilla. Y entonces ella comenzó a alejarse de él, retrocediendo más y más, y él la seguía, corría tras ella, sin prestar atención a la gente con la que se tropezaba en su camino. La seguía, la seguía, y ella estuvo repentinamente otra vez en el sillón, fuera de la bola que mira, pero seguía viendo en ella el vestíbulo de la estación que se reducía al tamaño de una estación de juguete, y aquella figura corriendo, todavía corriendo, y otra vez la nube, llenando la bola, aclarándose, oscilando, adelgazando, desvaneciéndose. Emily estaba recostada en el respaldo del sillón mirando fijamente la bola de la tía Nancy, donde se reflejaba la sala, serena y plateada, con un punto blanco como la cera, que era su propio rostro, y una vela solitaria que parpadeaba como una estrella traviesa.
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