Emily triunfa
Emily triunfa —SÃ, conozco esa sensación —dijo Emily—. Anoche estuve horas dándole vueltas a un cuento y llegué a la desoladora conclusión de que nunca podré escribir, que es inútil intentarlo, que no puedo hacer nada de veras valioso. Me acosté con ese convencimiento y empapé la almohada de lágrimas. A las tres me he despertado y no he podido ni siquiera llorar. Las lágrimas me parecÃan tan tontas como la risa, o como la ambición. Estaba en bancarrota en cuanto a esperanza y fe. Pero me he levantado en medio del gris y el frÃo del amanecer y he empezado un cuento nuevo. No permitas que un sentimiento tres-de-la-mañana te llene el alma de neblina.
—Por desgracia, hay un tres-de-la-mañana todas las noches —replicó Teddy—. A esa hora atroz siempre me convenzo de que si uno quiere algo demasiado lo más probable es que no llegue a conseguirlo nunca. Y hay dos cosas que yo quiero con toda el alma. Una es, por supuesto, ser un gran pintor. Nunca me he creÃdo cobarde, Emily, pero ahora tengo miedo. ¿Y si no me va bien? Todo el mundo se reirá de mÃ. Mamá dirá que ella lo sabÃa. La revienta que me vaya, ¿sabes? ¡Ósea que si me voy y fracaso…! SerÃa mejor no irme.