Emily triunfa
Emily triunfa Siguió un mes maravilloso. Un mes de rosas indescriptibles, de penumbras exquisitas, de la perfección plateada del claro de luna, de inolvidables atardeceres de amatista, de desfiles de lluvias, de llamadas de corneta de los vientos, de capullos de púrpura y polvo de estrellas, de misterio, de música, de magia. Un mes de risas, de bailes, de alegría, de un infinito encanto. Sin embargo, también un mes de oculta reserva. Nada se decía. Teddy y ella rara vez estuvieron solos. Pero sentía… sabía. Emily resplandecía de felicidad. Toda la reciente inquietud que había preocupado a la tía Laura se le había ido de los ojos. La vida era buena. La amistad, el amor, la alegría de los sentidos y la alegría del espíritu, penas, deleites, logros, fracasos, ansiedades, todo era parte de la vida y, por lo tanto, interesante y deseable.
Todas las mañanas, al despertar, sentía que el nuevo día le parecía un hada buena que le traería algún hermoso regalo de dicha. La ambición había quedado olvidada, por el momento. El éxito, el poder, la fama. Que los que se preocupan por ellos paguen el precio y se los queden. Pero el amor no se compra ni se vende. Es un don.