Emily triunfa
Emily triunfa Hasta el recuerdo de su novela quemada dejó de dolerle. ¿Qué importaba un libro más o menos en este gran universo de vida y pasión? ¡Qué pálida y sombrÃa era cualquier vida imaginada, comparada con esta existencia palpitante, centelleante! ¿A quién le importaban los laureles, después de todo? Los azahares son una corona mucho más dulce. ¿Y qué estrella del destino fue alguna vez más brillante y más atractiva que Vega de la Lira? Lo cual, si se lo interpreta, significa sencillamente que nada importaba ya, ni en este mundo ni en ningún otro, que no fuera Teddy Kent.
3
—Si tuviera cola, la moverÃa —gruñó Ilse, arrojándose sobre la cama de Emily y tirando uno de los libros más queridos de Emily, un ejemplar muy bonito de los Rubaiyat que le habÃa regalado Teddy en la época de estudiantes, al suelo de la habitación. Se le salió una tapa y las hojas salieron volando. Emily se enfadó.
—¿Nunca has estado en un estado tal que no puedes ni llorar ni rezar ni maldecir? —preguntó Ilse.
—Algunas veces —respondió Emily, secamente—. Pero no me desahogo con un libro que no me ha hecho ningún daño. Sencillamente voy y le arranco la cabeza a alguien de un mordisco.