Emily triunfa
Emily triunfa Estaban sentados juntos, frente a ella. Teddy impecable y bien acicalado, como siempre, con la cabeza de cabellos oscuros muy cerca de los cabellos dorados de Ilse. Ilse, una gloriosa criatura resplandeciente con un vestido de tafetán de un azul turquesa, semejante a una reina con encaje, parecido a la espuma sobre el pecho y con ramilletes de flores rosas y plateadas sobre el hombro. En el momento en que Emily los miraba, Ilse levantó la mirada hacia el rostro de Teddy y le hizo una pregunta, una pregunta íntima, vital, como se dio cuenta Emily por la expresión en el rostro de la muchacha. No recordaba haber visto jamás esa expresión en el rostro de Ilse. Había una especie de claro desafío en él. Teddy la miró y le respondió. Emily supo o sintió que la palabra «amor» era parte de la respuesta. Los dos se miraron un largo rato a los ojos, o al menos le pareció un largo rato a Emily, que contemplaba aquel intercambio de miradas extasiadas. Pero entonces Ilse se ruborizó y apartó la mirada. ¿Cuándo se había ruborizado Ilse alguna vez? Y Teddy levantó la cabeza y recorrió la mesa con ojos que parecían exultantes y victoriosos.