Emily triunfa
Emily triunfa ¿Una simulación? ¡Ay, si este dolor de su corazón también fuera sólo una simulación! Y aquella vergüenza que quemaba, y aquella pena honda y muda. Teddy ni siquiera se había tomado la molestia de escribirle una línea de despedida. Ella sabía, lo había sabido desde el baile de la señora Chidlaw, que él no la amaba, pero, claro, la amistad tenía sus exigencias. Ni siquiera su amistad significaba algo para él, entonces. Ahora Teddy había vuelto a su vida real y a las cosas que le interesaban. Y le había escrito a Ilse. ¿Había que simular? Bueno, sí, ella simularía con creces. Había ocasiones en las que el orgullo de los Murray era sin duda una ventaja.
—Creo que me alegro de que se termine el verano —dijo como con despreocupación—. Tengo que ponerme a trabajar. Es una vergüenza cómo he descuidado mi trabajo en estos dos meses.
—Después de todo, es lo único que te interesa, ¿no? —preguntó Ilse con curiosidad—. A mí mi trabajo me encanta, pero no me posee como a ti el tuyo. Yo lo dejaría en un abrir y cerrar de ojos por… bueno, somos como somos. Pero ¿de verdad es bueno, Emily, querer sólo una cosa en la vida?
—Mucho mejor que querer demasiadas.