Emily triunfa
Emily triunfa —No importa. No importa. Ahora no me interesa en lo más mÃnimo. Admito que estaba irritado cuando entré aquÃ. Estoy alojado en el Derry Pond Hotel, en Las Dunas (ah, qué nombre… poesÃa, misterio, romanticismo) y esta mañana he visto la edición especial de The Argus. Me he enfadado, ¿no estaba en mi derecho?, pero sentà más pena que ira. Mi historia habÃa sido bárbaramente mutilada. Un final feliz. Horrible. Mi final era desdichado y artÃstico. Un final feliz no puede ser artÃstico. Me he encaminado rápidamente a las oficinas de The Argus y he descubierto a la persona responsable. Vine aquà a denunciar y a recriminar. Y me quedo a venerar.
Emily sencillamente no supo qué decir. Las tradiciones de la Luna Nueva no tenÃan antecedentes de aquello.
—No me entiende. Está intrigada, y su asombro le queda bien. Vuelvo a decirlo: es un momento magnÃfico. Venir poseÃdo por la furia y contemplar la divinidad. Darse cuenta, como yo, apenas la he visto, de que ha sido hecha para mà y sólo para mÃ.
Emily deseó que entrara alguien. Aquello se estaba convirtiendo en una pesadilla.
—Es absurdo hablar de esa manera —dijo, concisa—. Somos desconocidos…