Emily triunfa
Emily triunfa El señor Greaves la miró muy grave durante un instante. Luego dijo, solemne:
—¿Un beso? ¿O un puntapié? ¿Qué elige?
¿Hablaba metafóricamente? Fuera como fuese…
—Un puntapié —dijo Emily con desdén.
De pronto, el señor Greaves cogió el florero de cristal de roca y lo arrojó violentamente contra la estufa.
Emily lanzó un grito, en parte de verdadero terror y en parte de pena. ¡El querido florero de la tÃa Elizabeth!
—Sólo ha sido una reacción defensiva —dijo el señor Greaves mirándola fijamente—. TenÃa que hacer eso o matarla. ¡Reina de las Nieves! ¡Helada vestal! ¡FrÃa como las nieves del norte! Adiós.
No golpeó la puerta al salir. Simplemente la cerró con gesto suave de cosa definitiva, para que Emily pudiera darse cuenta de lo que habÃa perdido. Cuando vio que realmente él habÃa salido al jardÃn y caminaba indignado por el sendero como si fuera aplastando algo con los pies, Emily se permitió el alivio de un largo suspiro, el primero que osaba permitirse desde la aparición de aquel hombre.
—Supongo —dijo bastante histérica— que tendrÃa que dar gracias porque no me tiró la fuente llena de mermelada de fresa.
Entró la tÃa Elizabeth.