Emily triunfa
Emily triunfa Emily no puso a ninguno de sus vecinos en el libro; no tuvo necesidad. Le surgÃan en la cabeza personajes a granel, exigiendo un lugar donde habitar y un nombre. ReÃan, rezongaban, lloraban, bailaban y, a veces, hasta se enamoraban. La tÃa Elizabeth toleró esto último, suponiendo que no se puede escribir una novela sin un poco de romanticismo. Emily le leÃa un capÃtulo todas las noches y la tÃa Laura y el primo Jimmy tenÃan permiso para escucharlo junto a la tÃa Elizabeth. El primo Jimmy quedaba extasiado. Estaba seguro de que era la historia más maravillosa que jamás se habÃa escrito.
—Cuando te escucho, me siento otra vez joven —decÃa.
—A veces me dan ganas de reÃr y a veces de llorar —confesó la tÃa Laura—. No puedo dormir preguntándome qué les pasará a los «Applegath» en el próximo capÃtulo.
—PodrÃa ser peor —admitió la tÃa Elizabeth—. Pero me gustarÃa que suprimieras lo que dijiste de los trapos de cocina grasientos de «Gloria Applegath». La señora Charlie Frost, de Derry Pond, pensará que es una alusión a ella. Sus trapos siempre están grasientos.