Emily triunfa
Emily triunfa Los editores de revistas eran más inteligentes que los editores de libros, como dijo el primo Jimmy, parecÃan tener más sentido común. Mientras el libro buscaba en vano su oportunidad, la clientela de revistas aumentaba dÃa a dÃa. Emily pasaba largas horas ante el escritorio y, a su manera, disfrutaba de su trabajo. Pero debajo yacÃa la conciencia del fracaso. No podrÃa llegar más alto en el Sendero Alpino. La gloriosa ciudad de la realización que se hallaba en la cima no era para ella. ¡Escribir para ganarse la vida! Eso era todo. Ganar dinero de una manera que a la tÃa Elizabeth le parecÃa vergonzosamente fácil.
La señorita Royal le escribió con franqueza diciéndole que estaba decayendo.
«Te estás metiendo en un surco, Emily —le advirtió—. Una rutina que te da satisfacciones. La admiración de la tÃa Laura y del primo Jimmy es mala para ti. TendrÃas que estar aquÃ, donde te mantendrÃamos en vilo».
¿Qué hubiera pasado si hubiera ido a Nueva York con la señorita Royal cuando tuvo la oportunidad seis años atrás? ¿No habrÃa conseguido que le publicaran el libro? ¿No era el sello fatal de la Isla del PrÃncipe Eduardo que lo condenaba, el sello de una pequeña provincia dejada de la mano de Dios de donde no podÃa salir nada valioso?