Emily triunfa
Emily triunfa Este atardecer ha sido tormentoso, inquieto, detrás de las pálidas colinas descoloridas y ha brillado airado a través de los álamos de LombardÃa y las oscuras ramas de los abetos en el bosque de John el Altivo, sacudidos súbita y penosamente de un lado a otro por las caprichosas ráfagas de viento. Me he sentado a mirar junto a la ventana. El jardÃn estaba oscuro y apenas alcanzaba a ver las hojas muertas arremolinadas, bailando una extraña danza en los senderos sin flores. Las pobres hojas muertas todavÃa no están muertas. HabÃa aún suficiente vida en ellas para hacerlas movedizas y desdichadas. Aún escuchaban cada llamada del viento, que ya no pensaba en ellas si no sólo para jugar a su antojo e interrumpir su reposo. He sentido pena por las hojas que veÃa en el crepúsculo apagado y sobrenatural, y me he enfadado (con un malhumor que casi me ha hecho reÃr) con el viento que no las dejaba en paz. ¿Por qué ellas (y yo) debÃamos sentimos humilladas por pasajeros hálitos de deseo por una vida que pasaba de largo?
No he tenido noticias ni siquiera de Ilse desde hace tiempo. Ella también me ha olvidado.
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10 de enero de 19…