Emily triunfa
Emily triunfa La llamada se oyó otra vez… dos veces. Él estaba ahÃ, tan cerca de ella… En un momento, si querÃa, podÃa estar junto a él, con sus manos en las de él, con los ojos de él mirándola, tal vez…
¡Se habÃa ido sin despedirse!
Emily se levantó con gesto lento y encendió la lámpara. Se sentó ante su escritorio, cerca de la ventana, cogió la pluma y se puso a escribir, o a tratar de escribir. Escribió sin detenerse. Al dÃa siguiente encontró hojas cubiertas con repeticiones sin sentido de viejos poemas aprendidos en la escuela y, mientras escribÃa, escuchaba. ¿VolverÃa a llamarla? ¿Una vez más? No. Cuando Emily estuvo segura de que no iba a llamarla otra vez apagó la luz y se tendió en la cama con la cara sobre la almohada. El orgullo estaba satisfecho. Le habÃa demostrado que no la manejaba con un silbidito. Ah, cómo agradecÃa haber tenido la firmeza de no acudir a su llamada. Y seguramente fue por esa razón que su almohada estuviera empapada de lágrimas salvajes.
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