Emily triunfa
Emily triunfa Hace años que lo pienso y hace semanas que lo sé: esto tenía que suceder algún día. Pero he estado eludiendo a Teddy; le impedía decir las palabras que nos unirían de verdad. No sé si alguna vez habría llegado a reunir valor para permitirle que las dijera, pero el destino metió la pata. Una tarde, hace dos semanas, salimos a pasear y cayó una tormenta de esas especialmente furibundas. Fue muy trabajoso emprender la vuelta, no había ni un lugar en el camino de montaña solitario y desierto donde poder detenerse, la lluvia caía a cántaros, los truenos no dejaban de retumbar y los relámpagos asustaban. Era insoportable y nosotros no lo soportamos. Nos pusimos a maldecir. Hasta que aclaró tan súbitamente como había comenzado y a mí me traicionaron los nervios, ¡imagínate! Ahora tengo nervios. Me puse a llorar como una nena tonta y aterrorizada. Y Teddy me abrazó y me dijo que tenía que casarme con él, que él me cuidaría. Supongo que dije que sí porque es obvio que está convencido de que estamos comprometidos. Me regaló un cachorrito chow-chow azul y un anillo de zafiro, un zafiro que compró en algún lugar de Europa, una joya histórica por la cual una vez se cometió un asesinato.