Emily triunfa
Emily triunfa «Ojalá pudiera odiar a Ilse. Lo harÃa todo más fácil —pensó, melancólica—. Si ella amara a Teddy, creo que podrÃa odiarla. Por alguna razón no es tan espantoso, porque no lo ama. TendrÃa que ser peor. Es extraño que pueda soportar la idea de que él la ame y no pueda soportar la idea de que ella lo ame a él».
De pronto, un gran cansancio se apoderó de Emily. Por primera vez en su vida, la muerte le pareció una amiga. Era muy tarde cuando por fin se fue a la cama. Hacia el amanecer pudo dormir un poco. Pero se despertó, estúpidamente, muy pronto por la mañana. ¿Qué era lo que le habÃan contado?
Lo recordó.
Se levantó y se vistió, como deberÃa levantarse y vestirse todas las mañanas siguientes durante años interminables.
—Bien —le dijo en voz alta a la Emily del espejo—, al parecer, he arrojado la copa del vino de la vida al suelo. Y no hay más. De modo que debo sufrir sed. ¿HabrÃa sido diferente si aquella noche en que me llamó, hubiera ido? ¡Si pudiera saberlo! —Se imaginó los ojos irónicos y compasivos de Dean.
De pronto rió.
—En pocas palabras, como dirÃa Ilse, ¡qué lÃo del demonio he armado!