Emily triunfa
Emily triunfa «Tuviste razón al no venir a Nueva York —le escribió la señorita Royal—. Jamás habrÃas podido escribir La virtud de la rosa aquÃ. En las calles de la ciudad no crecen rosas silvestres. Y tu historia es como una rosa silvestre: deliciosa, toda dulzura y sorpresa, con pequeñas espinas de ingenio y sátira. Tiene fuerza, delicadeza y comprensión. No se limita a contar cuentos. Tiene magia. Emily Byrd Starr, ¿de dónde sacas esa aguda comprensión de la naturaleza humana, criatura?».
Dean también le escribió: «Un buen trabajo creativo, Emily. Tus personajes son naturales, humanos y encantadores. Y me gusta el reluciente espÃritu de juventud que irradia de todo el libro».
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—TenÃa esperanzas de aprender algo de las crÃticas, pero son muy contradictorias —dijo Emily—. Lo que para un crÃtico es el mayor mérito del libro para otro es su peor defecto. Escuchad esto: «La señorita Starr no logra que sus personajes sean convincentes» y «es inevitable pensar que algunos de sus personajes han sido copiados de la vida real. Son tan absolutamente reales que no pudieron haber sido obra de la imaginación».
—Te dije que la gente reconocerÃa al viejo Douglas Courcy —interrumpió la tÃa Elizabeth.