Emily triunfa
Emily triunfa —Ah, estoy segura. Es muchÃsimo mejor para ti. Ah, no sabes el sufrimiento, la desgracia de la que te salvas. Es una locura amar demasiado. Dios es celoso. Si te casaras con Teddy, él te destrozarÃa el corazón, siempre lo hacen. Es mejor… con el tiempo te darás cuenta de que es mejor.
Tap… tap… tap golpeaba el viejo sauce.
—¿Tenemos que seguir hablando de esto, señora Kent?
—¿Recuerdas la noche en que os encontré a Teddy y a ti en el cementerio? —preguntó la señora Kent, al parecer sorda a la pregunta de Emily.
—SÃ. —Emily se encontró recordándolo intensamente: aquella noche extraña y maravillosa en que Teddy la habÃa salvado del loco Morrison y le habÃa dicho cosas tan dulces e inolvidables.
—¡Ay, cómo te odié aquella noche! —exclamó la señora Kent—. Pero no tendrÃa que haberte dicho aquellas cosas. Toda la vida he dicho cosas que no debÃa. Una vez dije algo terrible, algo muy terrible. El eco de lo que dije no dejará nunca de resonarme jamás en los oÃdos. ¿Recuerdas lo que tú me dijiste a mÃ? Por eso permità que Teddy se apartara de mÃ. Fue por lo que tú dijiste. Y si él no se hubiera ido, no lo habrÃas perdido. ¿Lamentas haber hablado de aquella manera?
—No. Si cualquier cosa que haya dicho ayudó a allanarle el camino, me alegro… me alegro.