Emily triunfa
Emily triunfa Tenía tal tumulto de sentimientos al llegar a su casa, que hizo algo de lo que siempre se avergonzó. Perry Miller la esperaba en el jardín de la Luna Nueva. Ella no lo había visto desde hacía bastante tiempo y en cualquier otro momento se habría alegrado de verlo. La amistad de Perry, ahora que él había abandonado por fin toda esperanza de algo más, era una parte muy agradable de su vida. En los últimos años él había madurado: era todo un hombre, con mucho sentido del humor y mucho menos pedante. Incluso había adquirido ciertas reglas de etiqueta social fundamentales y había aprendido a que no le sobraran las manos y los pies. Estaba demasiado ocupado para ir a menudo a la Luna Nueva, pero Emily siempre disfrutaba de sus visitas, excepto aquella noche. Quería estar sola, pensar, clasificar sus emociones, regodearse con su autoestima recién restablecida. Pasearse entre las sedosas amapolas del jardín y al mismo tiempo hablar con Perry era algo casi imposible. Estaba impaciente por deshacerse de él. Y Perry no se daba cuenta. Hacía mucho que no la veía y había muchas cosas de qué hablar, en especial de la boda de Ilse. Siguió haciendo pregunta tras pregunta hasta que Emily no supo qué decía. Perry estaba algo molesto por el hecho de que no le hubieran pedido que fuera padrino. Él consideraba que tenía derecho, siendo un viejo amigo de ambos.