Emily triunfa
Emily triunfa —Cierto, muy cierto. Teddy nunca se fija en lo que llevo puesto. A mà me gusta que los hombres se fijen y digan algo. Me gusta que un hombre prefiera que lleve un vestido de seda que de pana.
Emily miró por la ventana a un jardÃn enmarañado, donde la luz de la luna era un inmóvil mar de plata que iluminaba suavemente las amapolas.
—Quise decir que Teddy… no va a pensar en tu vestido, sino en ti.
—Emily, ¿por qué insistes en hablar como si creyeras que Teddy y yo estamos locamente enamorados el uno del otro? ¿Es tu complejo victoriano?
—¡Por lo que más quieras, no hables más de lo victoriano! —exclamó Emily con una violencia desacostumbrada, nada Murray—. Me tiene harta. Cualquier emoción sencilla, natural, ay, y dices que es victoriana. Hoy todo el mundo parece empeñado en despreciar cualquier cosa victoriana. ¿Saben de lo que hablan? Pues a mà me gustan las cosas decentes y sensatas, si eso es victoriano…
—Emily, Emily, ¿tú crees que a la tÃa Elizabeth le parecerÃa decente o sensato estar locamente enamorado?
Las dos muchachas se rieron y asà se aflojó la súbita tensión.
—¿No te vas, verdad, Emily?