Emily triunfa
Emily triunfa Teddy, Ilse, Perry y Emily, los cuatro alumnos que le habían puesto levadura a la escuela con su inspiración salvadora, se habían ido. Tal vez el señor Carpenter estuviera un poco cansado de todo. No era demasiado viejo, considerando sus años, pero había agotado su organismo en una juventud disipada. La mujercita tímida e insulsa que había sido su esposa había muerto calladamente el otoño anterior. Nunca había parecido demasiado importante en la vida del señor Carpenter pero, después del entierro, a él se le veía cada vez más desmejorado. Los escolares temían su afilada lengua y sus, cada vez más frecuentes, ataques de mal genio. Los encargados del colegio comenzaban a sacudir las cabezas y a hablar de un nuevo maestro cuando terminara el año lectivo.
La enfermedad del señor Carpenter comenzó como de costumbre con un ataque de reuma. Luego tuvo complicaciones cardíacas. El doctor Burnley, que fue a verlo a pesar de la obstinada negativa del maestro a que lo viera un médico, se puso serio y habló misteriosamente de falta de «voluntad de vivir». La tía Louisa Drummond, de Derry Pond, fue a cuidarlo. El señor Carpenter se sometió con una resignación que era mal síntoma, como si ya nada le importara.