Emily triunfa
Emily triunfa Una noche de mayo, el señor Carpenter pareció estar mucho mejor. Le relampagueaban los ojos con el fuego satírico de antaño y su voz resonaba con el eco de antes. Bromeó a costa de la pobre Louisa, que jamás entendía sus bromas pero las soportaba con resignación. A los enfermos hay que seguirles la corriente. Le contó a Emily una historia muy graciosa y rió con ella hasta hacer estremecer la pequeña habitación de vigas bajas. La tía Louisa sacudió la cabeza. Había algunas cosas que no sabía, pobre señora, pero sí sabía de su modesto oficio de enfermera no profesional, y sabía que este súbito rejuvenecimiento no era buena señal. Como diría un escocés, estaba moribundo. En su inexperiencia, Emily no lo sabía. Se fue a su casa contenta por la mejoría del señor Carpenter. Pronto estaría curado, de regreso en la escuela, riñendo a sus alumnos, caminando abstraído por la calle, leyendo algún clásico con las hojas marcadas y criticando sus manuscritos con todo su antiguo humor y su mordacidad. Emily estaba contenta. El señor Carpenter era un amigo que ella no podía permitirse el lujo de perder.
2
La tía Elizabeth la despertó a las dos. La mandaban llamar. El señor Carpenter preguntaba por ella.
—¿Está… peor? —preguntó Emily bajándose de su alta cama negra con columnas talladas.