Emily triunfa
Emily triunfa —Ya eres bastante mayorcita como para tener un poco de sentido común —afirmó la tÃa Elizabeth—. No me importa que escribas, ahora no. Al parecer eres capaz de ganarte la vida de una manera muy honrada con eso. Pero te destrozaras la salud si sigues asÃ. ¿Olvidas de que tu madre murió de tuberculosis? Por lo menos, recuerda que hoy tienes que recoger las habas. Ya es tiempo de recogerlas.
Emily cogió su manuscrito sin sentir ya todo aquel extasiado deleite. La creación habÃa terminado, ahora sólo quedaba el sórdido asunto de hacer publicar el libro. Emily lo escribió en la pequeña máquina de escribir de tercera mano que Perry le habÃa conseguido en unas subastas, una máquina que escribÃa sólo la mitad de las mayúsculas y que no tenÃa emes. Después ella puso las mayúsculas y las emes con una pluma y envió el manuscrito a una editorial. La editorial lo devolvió con una perorata impresa que decÃa que «nuestros lectores han encontrado méritos en su historia, pero no los suficientes como para justificar una aceptación».
Estos «odiosos elogios tibios» aplastaban a Emily más que los rechazos impresos. ¡Ay, las tres de la madrugada, ese dÃa! No, es un acto de piedad no hablar de esa noche, ni de las muchas tres-de-la-madrugada que siguieron.