Emily triunfa
Emily triunfa —«Fieles son las heridas infligidas por un amigo». No serÃa tu amigo si te mintiera sobre esto, Emily.
—Asà que… no es bueno.
—Es una historia bonita, Emily. Bonita, liviana y efÃmera como una nube rosa. Telas de araña, sólo telas de araña. La idea general es demasiado rebuscada. Los cuentos de hadas están pasados de moda. Y este cuento tuyo exige mucho a la credulidad del lector. Y tus personajes son tÃteres. ¿Cómo podrÃas escribir una novela de verdad? Tú no has vivido.
Emily apretó las manos y se mordió los labios. No confiaba en que su voz pudiera pronunciar una palabra sin traicionarse. No se sentÃa asà desde la noche en que Ellen Greene le dijo que su padre iba a morirse. Su corazón, que hacÃa unos minutos latÃa tumultuosamente, parecÃa de plomo, pesado y frÃo. Se volvió y se alejó de él. Él la siguió, cojeando, y la tocó en el hombro.
—Perdóname, Estrella. ¿No es mejor saber la verdad? Deja de aspirar a alcanzar la luna. No la alcanzarás. ¿Para qué quieres escribir, además? Ya se ha escrito todo.
—Algún dÃa —dijo Emily, haciendo un esfuerzo por hablar con firmeza—, tal vez pueda agradecértelo. Esta noche te odio.